Iglesias de Chiloé

En el sur de Chile, a las puertas de la Patagonia, existe un archipiélago que se llama Chiloé. Sus islas, refugio de mitos y leyendas, albergan cientos de iglesias católicas que han sido levantadas por su población con la abundante madera de la zona. De ellas, son 16 las que la UNESCO ha catalogado como Patrimonio de la Humanidad. Herencia del colonialismo español, estas construcciones siguen un plano común de formas rectangulares que usualmente miran al este, al Golfo de Ancud, mucho más tranquilo que el violento Océano Pacífico, al oeste; sus fachadas, por su parte, han sido construidas de tal forma que uno se protege de la constante y fría lluvia austral. Los pórticos albergan espacios para el coro y en el interior generalmente hay un techo cóncavo, semejante al fondo de una barca que nos evoca la vida marítima de esta zona. Algunas conservan el púlpito, una plataforma elevada donde se predica y/o proclama la Lectura de la Biblia. Sin embargo, gracias a lo agreste del terreno y la difícil comunicación, contienen variaciones decorativas que caracterizan, cada una, su particular zona geográfica, la época de  construcción y los significados litúrgicos. Este proyecto, no religioso sino antropológico, pretende hablar de esa gente, sencilla y apasionada, a través de sus iglesias para mostrar y explicar el porqué de las sutiles diferencias de colores, estructuras y adornos desde el punto de vista de cualquier chilote que al entrar, se arrodilla y santigua en señal de respeto y sumisión a su Dios.